Escribir un libro quizás sea una de las cosas más difíciles que puede hacer uno en la vida. Es afrontar que lo que está escrito ahí va a salir de vos, y si es malo, dice mucho de uno mismo. Suena aterrador.
Pero ¿qué pasa con las personas que no estamos conformes con lo que escribimos? Que honestamente, nos parece escrito por un aficionado a los libros de Tolkien. Uno escribe lo que sueña, lo que quiere, o lo que vivió. Sea lo que fuere, es muy difícil hacerlo.
Bueno, por lo menos para mí es muy difícil.
Por suerte, encontré una nueva forma de decir lo que siento. Quizás sea demasiado fácil, y muchos no estén de acuerdo. El tema es que encontré en muchos libros algo más que otros mundos: me encontré a mí, en frases, en descripciones. Ya sea un personaje completamente secundario, como algo que yo sabía pero nunca supe decir. Descubrí en los libros que más de una persona me conoce, sin saberlo.
Lo cierto es que un día pensé “yo quiero dejar algo en este mundo”. Por supuesto, lo único que se me ocurre es un libro. Pero, tristemente, nunca puedo escribir más de dos páginas. Entonces me acordé de algo que leí una vez.
Hay un libro llamado Corazones Desatados, de Jorge Fernández Díaz. En ese libro hay una historia que habla de una mujer que compra un libro usado, con notaciones en los márgenes y subrayados. Una de las frases le llama la atención a la mujer, y la historia cuenta como ella busca al hombre que escribió eso, porque simplemente dijo lo que ella siempre supo y nunca encontró las palabras para decirlo.
Cuanto comprendí gracias a un par de frases en Sangre de Tinta, de Cornelia Funke, que los libros no son sagrados, que sus hojas y sus tapas no son eternas, pero si sus palabras, entendí que lo que perdurará en las mentes es lo que dice, lo que significa, no el material donde se escribió. Entonces dejé de tratar a los libros como algo sagrado. Desde entonces marco todo lo que considero importante, lo que creo dice algo de mi, algo que sabía pero no conocía las palabras.
Entre otras reflexiones, me planteé: si no sé escribir, pero tengo libros que plasman lo que quiero decir, ¿por qué no dejo esos libros en algún lugar, para que alguien lo lea algún día, y me conozca? Como en la historia de Fernández Díaz.
Nunca tuve en cuenta vender o canjear mis libros, hasta entonces.
¡Claro! Lo material no es eterno, ni tengo que atarme a ello. ¿Qué mejor forma de vivir para siempre que plasmada entre los libros, y en la duda de alguien más? De hecho, si vamos al caso, tengo una edición de El Señor de los Anillos, subrayada en toda aquella frase que hable sobre el coraje. Siempre quise saber quién es esa persona y por qué su obsesión con eso.
Lo que hizo esa persona es lo que yo quiero hacer. Algún día canjearé todos aquellos libros que hablen de mí, que digan algo sobre mi persona que otros sabían, pero desconocían que lo sabían. Quedaría repartida por el mundo, en casa de personas que no conozco, pero que me conocerían. Sería casi como hablar de mi misma en un libro. Casi como escribir uno.
M.F
Sin palabras :O
ResponderEliminarnose que decir, la verdad es que quede mas que sorprendido ya que jamas te habia visto mas que leer leer y leer, y nunca te detuviste a mostrar una frase que creias importante. Justo se me dio por entrar por que hoy mientras me bañaba se me dio por escribir alguna clase de cuento corto que espero, no salga de mis manos porque si jamas lei un libro, aunque no fuera por su falta de contenido en cuanto a frases como me hiciste reflexionar, nunca me detuve debido al tiempo que implicaba y no me interesaba casi ninguna de las tramas de las historias.
Gracias por hacerme pensar, felicitaciones sos de las primeras en hacerlo. Ni hablar de la excelente idea :)
Una vez leí lo siguiente:"Estamos tejidos de la sustancia de los libros mucho más de lo que a simple vista parece. Aun los rasgos más espontáneos de nuestra conducta y nuestras más humildes palabras tienen detrás, sepámoslo o no, una larga tradición literaria que viene empujándonos y gobernándonos".
ResponderEliminarAlfonso Reyes.
Uno al leer sobre otros, también se está leyendo. Cuando leí La muerte de Artemio Cruz (tres veces seguidas, sin parar), no podía creer que alguien pudiera expresar lo que era inexpresable en mi cabeza.
Estás escribiendo tu propia vida, pero no me cabe ninguna duda de que algún día vas a plasmar lo que sentís para que otro se reconozca en tus palabras.