"Palabra busca palabra, una idea trae otra, y así se hace un libro, un gobierno o una revolución". Machado de Assis.

sábado, 21 de agosto de 2010

La Música


¿Qué es la música para la gente? Ese es el tema que se me ocurre para hablar en un texto argumentativo. Pero primero, ¿qué es la música?

Según el diccionario que reposa en mi biblioteca, música es la sucesión de sonidos armoniosos, el arte de expresar determinados sentimientos por medios de sonidos coordinados, etc. Esas son las definiciones rescatables, las que mejor lo describen. Pero la música representa más, porque los determinados sentimientos de los que habla mi diccionario no son los mismos para todos. Quizás cuando Charly García escribió Confesiones de Ivierno o Pequeñas delicias de la vida conyuga sintió algo, ya sea tristeza, emoción, agitación… pero cuando yo los escucho, cuando escucho Confesiones se me pone la piel de gallina, y cuando escucho Pequeñas delicias me dan ganas de bailar. ¿Se sintió así Charly? No lo creo, porque cada uno es diferente. La música marcó al humano desde los comienzos de la historia, la música te trae recuerdos, tiene el poder de cambiarnos el ánimo, nos energiza o nos deprime. La música es fundamental para los buenos ratos, con amigos, con familia. Cuando uno piensa en moda, lo asocia con música. Si uno se entera de lo que escuchaban ciertos escritores, puede entenderse por qué se escribieron determinados libros. La música es un lenguaje universal, nos une o nos separa. Tiene el poder de movilizar espíritus, lavar cabezas o abrirlas.

Hay temas para llorar, para reír, para hacer pogo, para sentarse y escuchar. Temas para bailar, para discutir, para repetir una y otra vez hasta sabérselo. Hay temas que no cansan nunca, hay bandas que marcan etapas en la vida de cada uno. Si una persona quisiera hacer una lista de toda la música que existe, no podría terminarla nunca, porque la música es así, es eterna e infinita.

¿Qué es la música para los adolescentes? Le pregunté a cuatro amigos, dos chicas y dos chicos. Unos me dicen que la música es fundamental, que los formó y los acompañó siempre. Que es algo inevitable, y a quien no le guste es que algo anda mal en esa persona. Una chica me dijo que la música es lo que le pone ritmo a la vida. De alguna forma todos coinciden, todos tienen razón. Pero con quien más acuerdo es con una amiga en especial, a quien conozco lo suficiente como para saber que no me miente, que no inventa para quedar poética. Me dijo que para ella, la música es lo que la ayuda cuando está mal, y cuando está bien, la pone todavía mejor. Y la remató con un “no sé como explicarte”. En eso último está todo, porque ¿cómo explicar en palabras exactas lo que te hace sentir la música? No tiene nombre, es una nueva emoción, algo que te descontrola. Es una felicidad sin límites, o una profunda tristeza. Es todo, reducido a sonidos.

Una profesora de literatura importante para mi me enseño que la poesía no es solamente lo que escriben Borges o Neruda. Las personas escuchan poesía todo el tiempo, cualquiera sea la parte del mundo a la que vayan, cualquiera sea la época en la que nacieron. La poesía, de una forma muy literal, forma parte de nuestras vidas. La música no es como la poesía, la música es poesía.

Finalmente, ¿qué es la música para mí? La música es un todo, un ser con vida propia capaz de cambiar el mundo. La música es un sentimiento sin nombre, que une corazones o los separa, que marca vidas, que ayuda a superar las cosas mejor que el whisky, que crea lazos con todos nosotros desde que nacemos. Nos moldea como quiere, de la forma en que la place. Uno puede hablar de música por horas, y siempre tener algo que decir. ¡Y digo esto mientras escucho a Compai Segundo!

Dedicado a Marcela Lacconi y Florencia Zamudio

M. F.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Sueños


No hay tiempo ni sombras en este espejismo. La arena es alfombra de los castillos fantásticos, que sueños y pesadillas, forman alrededor. No hay frío ni calor, y el tiempo murió; Cronos se extinguió y ningún Dios la batalla final, de mi mente, venció: el tiempo y espacio es paralelo al lugar (del cual soy rey). Soy el dueño de los caminos que marco al caminar, con árboles al este y oeste, y un horizonte plano y mezclado de azul y azul. Mas, la tarde cayó, y el horizonte espera otro alba que sea mezcla de una bandera unicolor: del mar y del cielo, dorado su central. Los espejos son universos de cosas al revés, que me describen perfectamente, sin ser y sin estar... y me reflejo tal cual como no soy. La pintura describe mi alma, sin colores ni tonos, ni cuadro. Las canciones me cantan sin voces ni música que oír. Los libros me escriben como nunca fui, ni nunca soy o seré. Vuelan los cerdos y caminan las aves, atrapadas en mi cabeza, huéspedes de mis musas. Llora una niña, desdichada y olvidada, en otra parte de la razón no logica, y melodía se hace sus gemidos. Caen las lágrimas, y hacen este océano, en el cual me sumerjo y nado hasta la aurora que en el fin de este mar comienza. Dalí me saluda con su maestro pincel: me voy de este infierno a la tierra que no me pertenece, ni yo a ella. Soy dueño de mis noches y esclavo de mis días. Vivo mis sueños y muero en la realidad que encadena el alma que alguien me regalo, sin que la quisiese. "Como veras, muchos somos así, Franco. Que joda, ché. Si Dios existe (y no digo ni que si ni que no), hasta nos dio albedrío en nuestra vigilia nocturna. Fijate, pibe, que no le digo sueño ahora sino “vigilia nocturna”... ¿Que hace a la realidad real y al sueño sueño? ¿La sensibilidad? ¿Nuestros sentidos?... Y si un buen día - se reía entre dientes - te despertas en un manicomio sabiendo que toda esta basura real fue una mentira, ¿creerías que fue todo falso? -se calló, fumaba en silencio - Quiza el malvado genio de Descartes, este en el conciente...quizas. Capas, y es sólo un decir, estamos todos y todo dentro de la cabeza de alguien, o todos y todo dentro de mi cabeza, o de la tuya... Todo es posible, ché. Jeje... No creo que estemos locos los que pensamos asi (y hablo desde mi ignorancia, pibe). Donde alguien ve molinos de viento, otros ven gigantes - rió enigmático en la oscuridad mientras fumaba anhelosamente, y concluyó: francamente no recuerdo si desperté esa noche...” Entonces todo quedo en silencio, y el cigarro ya no humeaba. Quisimos mirarnos, pero ya no estabamos alli para vernos...


F. N.


En esta oportunidad subo algo escrito por un conocido, muy inteligente (pero medio pesimista). Me gustó tanto que apenas lo termié de leer, le pedí permiso para publicarlo acá.
Quiero decirle a él que es todo un artista por poder plasmar de tal forma algo que siempre me perturbó. Lo felicito, y espero leer más de estas obras.

M. F.

martes, 3 de agosto de 2010

Reflexiones II


Escribir un libro quizás sea una de las cosas más difíciles que puede hacer uno en la vida. Es afrontar que lo que está escrito ahí va a salir de vos, y si es malo, dice mucho de uno mismo. Suena aterrador.

Pero ¿qué pasa con las personas que no estamos conformes con lo que escribimos? Que honestamente, nos parece escrito por un aficionado a los libros de Tolkien. Uno escribe lo que sueña, lo que quiere, o lo que vivió. Sea lo que fuere, es muy difícil hacerlo.

Bueno, por lo menos para mí es muy difícil.

Por suerte, encontré una nueva forma de decir lo que siento. Quizás sea demasiado fácil, y muchos no estén de acuerdo. El tema es que encontré en muchos libros algo más que otros mundos: me encontré a mí, en frases, en descripciones. Ya sea un personaje completamente secundario, como algo que yo sabía pero nunca supe decir. Descubrí en los libros que más de una persona me conoce, sin saberlo.

Lo cierto es que un día pensé “yo quiero dejar algo en este mundo”. Por supuesto, lo único que se me ocurre es un libro. Pero, tristemente, nunca puedo escribir más de dos páginas. Entonces me acordé de algo que leí una vez.

Hay un libro llamado Corazones Desatados, de Jorge Fernández Díaz. En ese libro hay una historia que habla de una mujer que compra un libro usado, con notaciones en los márgenes y subrayados. Una de las frases le llama la atención a la mujer, y la historia cuenta como ella busca al hombre que escribió eso, porque simplemente dijo lo que ella siempre supo y nunca encontró las palabras para decirlo.

Cuanto comprendí gracias a un par de frases en Sangre de Tinta, de Cornelia Funke, que los libros no son sagrados, que sus hojas y sus tapas no son eternas, pero si sus palabras, entendí que lo que perdurará en las mentes es lo que dice, lo que significa, no el material donde se escribió. Entonces dejé de tratar a los libros como algo sagrado. Desde entonces marco todo lo que considero importante, lo que creo dice algo de mi, algo que sabía pero no conocía las palabras.

Entre otras reflexiones, me planteé: si no sé escribir, pero tengo libros que plasman lo que quiero decir, ¿por qué no dejo esos libros en algún lugar, para que alguien lo lea algún día, y me conozca? Como en la historia de Fernández Díaz.

Nunca tuve en cuenta vender o canjear mis libros, hasta entonces.

¡Claro! Lo material no es eterno, ni tengo que atarme a ello. ¿Qué mejor forma de vivir para siempre que plasmada entre los libros, y en la duda de alguien más? De hecho, si vamos al caso, tengo una edición de El Señor de los Anillos, subrayada en toda aquella frase que hable sobre el coraje. Siempre quise saber quién es esa persona y por qué su obsesión con eso.

Lo que hizo esa persona es lo que yo quiero hacer. Algún día canjearé todos aquellos libros que hablen de mí, que digan algo sobre mi persona que otros sabían, pero desconocían que lo sabían. Quedaría repartida por el mundo, en casa de personas que no conozco, pero que me conocerían. Sería casi como hablar de mi misma en un libro. Casi como escribir uno.


M.F